La importancia de valorar lo que tenemos

Es en situaciones como las actuales cuando realmente valoramos todo lo que tenemos, y a lo que no damos la importancia que se merece



Ha tenido que llegar el Coronavirus para que empecemos a ver con otros ojos actividades o gestos que hasta ahora considerábamos nimios, intrascendentales o incluso aburridos, para darnos cuenta del gran valor que tienen.


El Coronavirus ha cambiado nuestra manera de vivir. Sin quererlo, ésta se ha visto afectada sobremanera, hasta el punto de que, dependiendo del lugar en el que vivamos —especialmente los que lo hacemos en Madrid—, gestos que hasta ahora nos parecían intrascendentes, cuando no aburridos, se han convertido en añorados e incluso deseados.

No digo ya salir a correr o dar una vuelta en bicicleta, sino el simple gesto de sacar a pasear al perro ahora es considerado como lo más parecido a disfrutar de una pequeña libertad cuando hasta la semana pasada algunos lo consideraban poco menos que un engorro o un mal menos del hecho de tener una mascota en casa. 

Salir a la calle, aunque sea unos minutos, para sacar a pasear al perro se ha convertido en una victoria, en todo un triunfo; en volver a disfrutar de algo tan básico hasta hace unos días como era salir a la calle. Es más, conozco a personas que aprovechan ese momento que tratan de eternizar todo lo que pueden que lo aprovechan para respirar, para cerrar los ojos y dejar volar la imaginación aunque sólo sea por unos segundos; incluso se rifan en casa quién saca a pasear al perro por disfrutar de esa enorme sensación —quién lo diría— que es recibir el viento fresco en la cara y dar unos pasos al aire libre.

¿Y antes? ¿Por qué nos disfrutábamos de esos momentos que teníamos tan al alcance? Pues te lo voy a decir: porque no los apreciábamos en su totalidad hartos de haberlos convertido ya en actos cotidianos, en situaciones que se repetían —y se repiten— un día tras otro; situaciones que ya teníamos tan interiorizadas que formaban parte de nuestro ser y esencia. Eran parte de nosotros, una pieza más de nuestra cotidianeidad a la que apenas prestábamos más atención de la necesaria conscientes de que era —o eran— un acto más, sin apenas sentido, y que se repetiría al día siguiente, y luego al otro, y asimismo al otro…

Hasta que ha llegado el Coronavirus modificando nuestra vida de tal forma que lo que antes era nimio, por no decir aburrido, adquiere ahora visos de autenticidad, de ser algo que debemos aprovechar al máximo, pues nunca sabemos cuándo vamos a dejar de disfrutarlo.

El Coronavirus nos va a dejar muchas lecciones entre otras cosas, pero la más importante de todas, quizás, sea la de valorar aquello que hacemos y tenemos tan a mano, y que no valoramos en la medida que se merece.

Mientras, recuerda: #YoMeQuedoEnCasa hasta que puede salir y disfrutar de nuevo, pero ahora con toda su intensidad, de todo lo que no disfrutábamos antes.

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